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El Vidioclú

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::: camping gas :::

escuchando :::  keane ::: Out Today

En una era oscura, mucho antes de que existiera el FIB, mucho mucho antes de que esas catervas de veraneantes de baja estofa llenaran  Marina D’or ciudad-de-vacaciones, mucho, mucho antes de que hordas de pubertosos anglosajones de pelo panocha y mofletes  sonrosados asaltaran en banda cada noche el Fraguel Rock en la plaza del pueblo, en esa epoca, lejana, neblinosa, ya estaba allí el camping de  Benicassim.

Fue mi bautismo de fuego en las lides campistas.  La primera vez que iba de vacaciones en plan burro con los colegas. La primera vez  que dormiriamos acurrados en una tienda de campaña soportándonos nuestros propios pedos.  La primera vez que veía ( bueno veíamos ) un camping desde dentro.  Tan  nuevos eramos que nos llevamos desde Madriz toda la parafernalia alimenticia sin imaginarnos que alli mismo, en pleno centro del camping, habia un Spar donde podiamos conseguir casi casi cualquier cosa ( y cuando digo cualquier cosa, digo cualquier cosa ).

Es lo que ocurre cuando eres nuevo.

De aquel verano recuerdo sobremanera tres cosas.  Imborrables.  Una, el culo de la italiana que teníamos en la tienda de enfrente y que  todas las tardes, sin excepcion, nos hacía un pase de todos y cada uno de sus tangas.  No parecería nada del otro jueves si no fuese porque el  novio estaba siempre con ella, pero no se enteraba, y siempre se quedaba mirandonos con cara de pensar en que estariamos pensando  nosotros.

Dos, la tarde que llegaron una pareja de chavalas perroflautas y montaron una minitienda de juguete en la parcela de al lado.   Llegaron, nos pidieron el martillo para clavar los vientos, se piraron de fiesta, y volvieron con un nórdico del tamaño de un bigfoot en  edad de merecer, y no solo por la envergadura, sino por la pelambre del sujeto y el tamaño de sus calcos.  Aquella misma noche, cuando llegamos a las tantas despues de las copas nocturnas, primero vimos el pase de lenceria nocturna de la italiana de enfrente y despues nos dimos cuenta de que una de las perroflautas sobaba en el suelo mientras su compañera gemia y saltaba encima del bigfoot del cual sobresalian las piernas de rodillas para abajo fuera de la tienda.  Fue la ultima vez que los vimos a los tres.

Y tres, la bombona de camping gas.

Nuestro atolondramiento juvenil habia hecho que llenaramos la mochila con todos los pertrechos para el camping: tabaco, mecheros, papelillos, condones… pero nos parecio que no era muy operativo ir de Madriz a Benicassim cargados con mucho peso, asi que decidimos cargar con el embutido, las salchichas y la caja de 12 cartones de leche en lugar de la bombona de camping gas, del tamaño de un coco.  Si, asi somos los jovenes.

La llegada a Benicassim fue toda una odisea, y montar la tienda toda una iliada, pero fuimos capaces de dejarlo todo niquelao para poder darnos el primer baño de la temporada playera esa misma tarde.  Ya de vuelta en el camping, y tras pasar el suplicio de las duchas publicas y nuestra primera sesión de tangas de la italiana, llego el momento de preparar la cena y encender el camping gas… y ahí mismo, amigos mios, nos topamos con la cruda realidad… que no habia bombona.

Lo bueno de los jovenes es que son un cajón de sorpresas, y tras mucho cavilar, caimos en la cuenta del Spar que teniamos justo detras en el que podias pedir cualquier cosa, y claro, una bombona de camping gas era de lo mas corrientito, así que nos compramos una bombonita azul que, para sorpresa nuestra, no tenia pitorro, sino una hendidura en el metal.

Hay que decir que esto no supuso ningun impedimento para nosotros, aunque nos quedo la mosca tras la oreja pensando en como cojones ibamos a enroscar el farol a la bombona si esta no tenia pitorro.  Decidimos entre todos que mientras el resto del grupo se iba a recoger el jabon a las duchas, mi colega Fer y yo nos encargariamos de montar el artefacto aquel… despues de darle vueltas al asunto y no localizar ni pitorro en la bombona ni roscachapa en el farol ambos dos tiramos por la calle de enmedio y decidimos asi porque si que, mientras uno sujetaba el farol, el otro empujaba la bombona.

A mi me toco la parte de la bombona, como no podia ser de otra forma, y mientras mi colega sujetaba el farol entre sus manos, le meti un empellon a ver si el asunto se solucionaba con un poco de presion… y efectivamente, de presion se trataba… aquello empezo a expulsar gas como si fuese el motor del Apolo XIII, salia gas por todos los lados y por una ley fisica de todos conocida, la temperatura es directamente proporcional a la presion, por lo que en cuestion de segundos mis manos estaban blancas de escarcha y mis dedos pegados a la bombona a una temperatura de varios grados bajo cero.

La cara de mi colega era para verla, y la de los vecinos de camping tambien: un sujeto corriendo como un poseso con algo que expulsaba una nube de gas pegado a las manos…  tras unas cuantas vueltas, finalmente consegui zafarme de la dichosa bombona que fue a parar, no sin mala suerte, dentro de la tienda, que con el susto del momento, mi colega instintivamente, cerro, y que inmediatamente empezo a inflarse como un globo y a expulsar gas por las costuras como la tiendas esas que monta el FBI cuando van a analizar un alienigena en las peliculas malas de los sabados por la tarde.

A esas alturas mis dedos estaban morados tirando a negros asi que me los meti bajo los sobacos para con el calorcillo veraniego y el trajin del momento se fuesen calentando.  Y con los brazos cruzados y mirando con los ojos como platos a la tienda humeante nos encontraron el resto de los colegas que venian jabon en ristre, que evidentemente se habian perdido el espectaculo.

La primera reaccion de todos al relatarles lo sucedido fue de susto, y luego de calma tensa, asi que para descargar tensiones no se nos ocurrio otra cosa mejor que echarnos un cigarrito…  y he de reconocer, que en ese instante, nos supo a gloria el piti… hasta que el primero que termino, tiró la chusta, que como suele ser habitual en estos casos, fue a caer justo delante de la tienda.

Menos mal que el gas tiende a disiparse rapidamente  porque lo que ocurrio a continuacion fue solamente un leve recordatorio de lo que podia haber pasado de haber tirado la colilla un momento antes… una monumental llamarada salio de la tienda como una onda expansiva que nos calcino los pelillos de las pantorrillas… y aqui quedo… ni la tienda se quemo, ni la llama llego fuera de nuestra parcela, ni se quemaron los tangas de la italiana de al lado, pero os aseguro que desde aquel momento siempre que voy de camping, me llevo una linterna…

5 comentarios a ::: camping gas :::

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